El principio básico: desconfía de los demás conductores
La conducción defensiva parte de un postulado realista: otros conductores van a cometer errores. No puedes controlarlo. Lo que sí puedes controlar es tu posición y velocidad para que esos errores no te afecten. Concretamente: circula siempre con suficiente espacio delante para poder frenar. No te pongas en el punto ciego de otros vehículos. Anticipa los movimientos imprudentes (el coche que va a girar sin señalizar, el peatón que va a cruzar sin mirar).
La zona de gestión: el espacio alrededor del coche
Los instructores de conducción defensiva hablan de la "zona de gestión": el espacio alrededor de tu vehículo que debes mantener libre. Mínimo 2 segundos de separación al de delante, espacio lateral suficiente a los lados, y también espacio por detrás (si te siguen muy pegados, acelera un poco para alejarte o cámbiante de carril). Cuando esa zona está comprometida, algo va mal.
Anticipa, no reacciones
Un conductor reactivo frena cuando el de delante frena. Un conductor defensivo ve al de delante frenar y ya ha empezado a levantar el pie del acelerador 3 segundos antes. La diferencia entre anticipar y reaccionar puede ser la diferencia entre una frenada tranquila y un golpe. Para anticipar necesitas: mirar lejos por delante (no solo al coche de delante sino a varios coches más allá), conocer las zonas de riesgo (intersecciones, salidas de parkings, paradas de bus) y leer el lenguaje corporal de peatones y ciclistas.
En resumen
La conducción defensiva no se aprende de una vez: se desarrolla con kilómetros y atención. Pero puedes empezar hoy mismo con estas tres cosas: más espacio al de delante, mirar más lejos, y anticipar en lugar de reaccionar.